Ey! ¿Cómo lo lleváis? Yo regulín, un poco así sin ganas, pero bueno.
Hoy vamos a hablar de una película que seguro que todos conocéis. Se trata de "Forrest Gump", una peli protagonizada por Tom Hanks y que fue un gran hit en su día. Tanto es así que ganó ¡6 Oscars! Entre ellos, al de mejor película, mejor dirección y mejor actor. Casi ná.
Bueno, por si no la conocéis, os explico que "Forrest Gump" trata sobre la historia de Forrest Gump (¡qué casualidad!), una persona con discapacidad intelectual que, a fuerza de superación y optimismo, consigue tener una buena vida. Le vemos desde niño, desde que empieza a ir a clase hasta que acaba casándose y teniendo un hijo, pasando por su vida adulta.
Pero claro, no todo es un camino de rosas. Su discapacidad es una barrera continua para todo lo que hace: su vida social, sentimental y la laboral se ve afectada de una u otra manera debido a ello.
Ya es difícil para él ir al colegio, a parte de por tener esa discapacidad intelectual, porque sus compañeros le rechazan porque le ven como un diferente. Tanto es así, que no le ceden sitio en el autobús, se meten con él, le pegan y tal. En medio de este panorama tan desolador, aparece Jenny, una chica que se convierte en seguida en su muy mejor amiga. Y por supuesto, su madre también le apoya y le ayuda a entender las cosas de la vida.
Pese a sus dificultades, Forrest consigue incluso ir a la Universidad. (¡Un crack! ¡Ya me gustaría a mí llegar a su nivel!) Se gradúa, y después se alista en el ejército, donde luego le mandan como soldado a la guerra de Vietnam, donde conoce a Bubba, otra persona con discapacidad, con la que comparte experiencias. En la guerra, Forrest se convierte en héroe al savar la vida de sus compañeros. Aunque el teniente Dan hubiese preferido morir, pero de todas formas Forrest le acaba dando una lección sobre la belleza de la vida.
Al retornar a su casa, se encuentra de nuevo con Jenny. Jenny, que ha vivido una vida más bien oscura, se alegra mucho al ver a su amigo, pero nunca se plantea tener una relación sentimental con él. Pero de todas formas se tienen mucho cariño, y un día hacen el amor. Después de eso, Jenny desaparece de la vida de Forrest, pero al cabo de unos años se reencuentran y ¡sorpresa! ¡Forrest es papá!
Bueno bueno, esta sí que es una peliculaza. Dicen por ahí que refleja la inocencia en una América que está perdiéndola, pero sinceramente a mí eso me da un poquito igual.
Lo que a mí me importa es que dice mucho de las personas con discapacidad. Vale, es un poco flipada que Forrest vaya a la Universidad, sea héroe de guerra, hombre de negocios, y tenga éxito en todo lo que hace, pero también es verdad que refleja una capacidad de superación increíble. El tío triunfa porque él lo vale. Porque es bueno, se esfuerza y sobre todo no se deja vencer por nadie, por muchas trabas que le pongan y por muy duro que sea. Todo un ejemplo para todo el mundo.
También hace un poco hincapié en que una persona con discapacidad puede sentir emocionalmente lo mismo que una persona sin discapacidad. De hecho, Forrest se enamora o se entristece como lo haría cualquiera. ¡Por supuesto! ¡Tener un hijo es igual de hermoso para todos!
Pero yo creo que una de las cosas más guays de la película es esa fantástica reflexión que nos deja: "Tonto es el que hace tonterías". ¡Si es que es así! En realidad, todo se reduce a esa frase. Es más tonto un tío que se tira a las vías del tren para hacerse el machote que un síndrome de down que ha aprendido a contar hasta 15. ¡Pero vamos! ¡De aquí a Pekín!
Tráiler
martes, 27 de enero de 2009
lunes, 26 de enero de 2009
Cuando yo era peque (III)
Aquí os dejo ahora otro artículo que habla de cuando yo era peque, solo que este lo publicamos en el anterior blog que teníamos. Ahora lo reciclamos para aquellos que no lo hayan leído.
Tener hermanos con discapacidad intelectual es algo que está muy bien, que nos puede aportar un montón de sensaciones y experiencias muy buenas. Pero claro, no hace falta decir que no todo es de color rosa, y hay momentos en los que uno se puede desanimar y no ser quizás demasiado optimista. Y es que este tipo de vivencias no todo el mundo se las toma de igual forma.
Os contaré mi historia :P. Resulta que mi hermano con síndrome de down y yo hace ya tiempo que nos quedamos sin mamá. Ya de por sí es bastante trágico quedarse sin madre, pero la cosa aún es peor cuando se suman algunas circunstancias especiales: en primer lugar, que adorábamos a nuestra madre. En segundo, que cuando ella murió, yo tenía 13 años y mi hermano 10. Imagináos: dos niños en edad de ir a Primaria, afrontando de repente que nunca volverían a ver a ese ser tan querido.
Y en tercero, a ver cómo le explicas a una persona con discapacidad mental que su madre se ha ido de viaje al más allá, cuando ni tú mismo lo puedes entender.
Dejando a un lado los dramas familiares "normales" que uno puede vivir cuando le pasa algo así, había que sumar que mi hermano era discapacitado mental (era y lo sigue siendo, vamos), con todo lo que ello conlleva. Y es que yo al principio no me dí cuenta del sufrimiento extra que tendría que afrontar más adelante debido a ello, pero la muerte de mi madre supuso, indirectamente, la pérdida de la mitad de mi vida social de mi etapa adolescente. Porque alguien tendría que cuidar a mi hermano, y ese alguien, pues tuve que ser yo.
Todo el mundo sabe lo que es tener 13 años, ¿no? Es cuando se empieza a afianzar un grupo de amigos, se empieza a salir por ahí y se empieza a disfrutar de la edad del pavo :P. Empiezas a tener consciencia del mundo que te rodea, comienzas a vivir la calle, y todo ello sin responsabilidades ni preocupaciones de ningún tipo. Vamos, lo que se dice la etapa más perfecta en la vida del ser humano. Pero a mí las circunstancias no me dejaron vivir demasiado esa maravillosa época. Tenía mis amigos, claro, a fin de cuentas, iba al colegio; pero no siempre podía quedar con ellos aunque quisiese. ¿Que un viernes ellos quedaban para ir a jugar al fútbol? Yo tenía que estar con mi hermano. ¿Que iban al cine? Lo mismo. Dolía mucho que te llamaran para ir a la piscina, o a la plaza, y tú simplemente no pudieras.
Lo peor fue, sin duda, al llegar el verano. Mis amigos quedaban y salían todos los días (lo más normal del mundo), pero yo solo podía salir los findes de semana. Los demás días, mientras ellos reían, jugaban y se relacionaban, yo me comía los mocos preparando la merienda a mi hermano. ¡Qué mal! (no penséis que no me gustaba estar con mi hermano, pero yo como chico de mi edad necesitaba estar en la calle todo el día). Encima, tenía una sensación como de estar haciendo trabajos forzados. Si lo hacía bien, no pasaba nada, no me lo agradecían, simplemente cumplía con mi deber; pero si no te apetecía hacerlo, no solo te lo recriminaban, sino que tú mismo pensabas que estabas siendo un egoísta miserable que no pensaba en los demás
Los findes sí que me podía comportar como un chico de mi edad normal, saliendo y pasándolo bien, pero claro, solo eran 2 días, y mis amigos habían estado quedando los 5 días anteriores. Quiero decir, que en esos días en los que yo no estaba, a ellos les había dado tiempo de crear vínculos entre ellos a los que yo ya no podía llegar. A veces, estando incluso con ellos, no sabía de qué estaban hablando, o me encontraba con gente nueva a la que no conocía, y eso, quieras que no, te va alejando.
Aunque lo peor de todo es la certeza de que no va a ser una situación temporal, ni de un año. Sabes que al año siguiente te va a pasar igual, y al siguiente, y quizás por mucho tiempo, dada la condición especial de tu hermano. Y tantos ratos perdidos, no vividos, acaban pasando factura: llega un momento en que te sientes fuera de lugar. Tus amigos hacen nuevos amigos, han vivido demasiadas cosas sin tí, y al final el que no encaja eres tú. A no ser que tus amigos sean realmente buenos, cosa que es muy difícil de encontrar, y más con 15 años.
Pero bueno, como siempre hay que sacar el lado positivo, no todo va a ser malo. También saqué algunas cosas buenas. Este tipo de experiencias son las que te enseñan a pensar más en los demás, y a ser más tolerante.
Tener hermanos con discapacidad intelectual es algo que está muy bien, que nos puede aportar un montón de sensaciones y experiencias muy buenas. Pero claro, no hace falta decir que no todo es de color rosa, y hay momentos en los que uno se puede desanimar y no ser quizás demasiado optimista. Y es que este tipo de vivencias no todo el mundo se las toma de igual forma.
Os contaré mi historia :P. Resulta que mi hermano con síndrome de down y yo hace ya tiempo que nos quedamos sin mamá. Ya de por sí es bastante trágico quedarse sin madre, pero la cosa aún es peor cuando se suman algunas circunstancias especiales: en primer lugar, que adorábamos a nuestra madre. En segundo, que cuando ella murió, yo tenía 13 años y mi hermano 10. Imagináos: dos niños en edad de ir a Primaria, afrontando de repente que nunca volverían a ver a ese ser tan querido.
Y en tercero, a ver cómo le explicas a una persona con discapacidad mental que su madre se ha ido de viaje al más allá, cuando ni tú mismo lo puedes entender.
Dejando a un lado los dramas familiares "normales" que uno puede vivir cuando le pasa algo así, había que sumar que mi hermano era discapacitado mental (era y lo sigue siendo, vamos), con todo lo que ello conlleva. Y es que yo al principio no me dí cuenta del sufrimiento extra que tendría que afrontar más adelante debido a ello, pero la muerte de mi madre supuso, indirectamente, la pérdida de la mitad de mi vida social de mi etapa adolescente. Porque alguien tendría que cuidar a mi hermano, y ese alguien, pues tuve que ser yo.
Todo el mundo sabe lo que es tener 13 años, ¿no? Es cuando se empieza a afianzar un grupo de amigos, se empieza a salir por ahí y se empieza a disfrutar de la edad del pavo :P. Empiezas a tener consciencia del mundo que te rodea, comienzas a vivir la calle, y todo ello sin responsabilidades ni preocupaciones de ningún tipo. Vamos, lo que se dice la etapa más perfecta en la vida del ser humano. Pero a mí las circunstancias no me dejaron vivir demasiado esa maravillosa época. Tenía mis amigos, claro, a fin de cuentas, iba al colegio; pero no siempre podía quedar con ellos aunque quisiese. ¿Que un viernes ellos quedaban para ir a jugar al fútbol? Yo tenía que estar con mi hermano. ¿Que iban al cine? Lo mismo. Dolía mucho que te llamaran para ir a la piscina, o a la plaza, y tú simplemente no pudieras.
Lo peor fue, sin duda, al llegar el verano. Mis amigos quedaban y salían todos los días (lo más normal del mundo), pero yo solo podía salir los findes de semana. Los demás días, mientras ellos reían, jugaban y se relacionaban, yo me comía los mocos preparando la merienda a mi hermano. ¡Qué mal! (no penséis que no me gustaba estar con mi hermano, pero yo como chico de mi edad necesitaba estar en la calle todo el día). Encima, tenía una sensación como de estar haciendo trabajos forzados. Si lo hacía bien, no pasaba nada, no me lo agradecían, simplemente cumplía con mi deber; pero si no te apetecía hacerlo, no solo te lo recriminaban, sino que tú mismo pensabas que estabas siendo un egoísta miserable que no pensaba en los demás
Los findes sí que me podía comportar como un chico de mi edad normal, saliendo y pasándolo bien, pero claro, solo eran 2 días, y mis amigos habían estado quedando los 5 días anteriores. Quiero decir, que en esos días en los que yo no estaba, a ellos les había dado tiempo de crear vínculos entre ellos a los que yo ya no podía llegar. A veces, estando incluso con ellos, no sabía de qué estaban hablando, o me encontraba con gente nueva a la que no conocía, y eso, quieras que no, te va alejando.
Aunque lo peor de todo es la certeza de que no va a ser una situación temporal, ni de un año. Sabes que al año siguiente te va a pasar igual, y al siguiente, y quizás por mucho tiempo, dada la condición especial de tu hermano. Y tantos ratos perdidos, no vividos, acaban pasando factura: llega un momento en que te sientes fuera de lugar. Tus amigos hacen nuevos amigos, han vivido demasiadas cosas sin tí, y al final el que no encaja eres tú. A no ser que tus amigos sean realmente buenos, cosa que es muy difícil de encontrar, y más con 15 años.
Pero bueno, como siempre hay que sacar el lado positivo, no todo va a ser malo. También saqué algunas cosas buenas. Este tipo de experiencias son las que te enseñan a pensar más en los demás, y a ser más tolerante.
sábado, 10 de enero de 2009
Cuando yo era peque (II)
Hey! ¿Cómo estáis? Yo, bueno, entre el frío que hace y la de trabajos que tengo que hacer para el colegio, no se puede decir que esté muy feliz, pero qué le vamos a hacer.
Ya se han acabado las Navidades y todo eso. Qué pena, la vuelta al trabajo/los estudios es lo peor, yo cuando volví el jueves a clase os juro que me deprimí un montón. ¿Qué os han traído los Reyes? A mi hermano una PSP, porque le gustan mucho los videojuegos y tal; pero a mí no me han regalado nada. ¡Me debo de haber portado muy mal!
Hoy os voy a seguir hablando un poco sobre mis experiencias familiares de cuando yo era pequeño. La otra vez os conté sobre sobre cómo me dí cuenta de que mi hermano tenía discapacidad intelectual, y hoy os diré cómo era nuestra vida diaria en familia cuando éramos chicos.
Mi impresión por aquel entonces era que mi hermano era el centro de atención de todo. Y no solo porque fuera más pequeño que yo. Él siempre estaba delante de mí, o al menos eso era lo que yo veía. Cuando venían mis tíos a casa, por ejemplo, se ponían a jugar con él y a mi en muchas ocasiones me dejaban a un lado. Ellos reían, jugaban y se lo pasaban bien, y si yo quería también entrar en el juego, me llamaban envidioso. Era como si dijeran: "tu hermano nos necesita más que tú, así que si quieres te puedes poner a jugar con los peluches y divertirte, pero deja que tu hermano se divierta con nosotros". ¡Y yo solo era un crío que quería jugar! Claro, a mí me entraban los celos en seguida y me enfadaba.
Y no solo eso. Mis padres le consentían mucho más a él que a mí. Por ejemplo, si él no quería colaborar en las tareas de casa, nadie le obligaba; ahora, si era yo el que no las quería hacer, ¡anda que tardaban mucho en tirarme de las orejas!... O si yo estaba en mi habitación tranquilo y mi hermano entraba, mi obligación era estar con él, quisiera o no.
Estar con mi hermano era una obligación más que yo tenía. Si no lo hacía, era un mal hermano. Recuerdo una vez, con 8 o 9 años, que me llevé a mis amigos a casa a jugar y a estar con ellos, y mi madre se empeñaba en que mi hermano también tenía que estar allí, con nosotros. Pasamos mis amigos y yo un par de horas juntos, jugando y riendo, y cuando se fueron, recuerdo que mi madre me echó la bronca, porque según ella, me gustaba más estar con mis amigos que con mi hermano. Yo me sentí mal, no por mí sino por mi hermano, pensaba que estaba siendo un monstruo con él.
Era una especie de favoritismo hacia mi hermano del que nadie se daba cuenta, salvo yo. Todos lo veían como algo normal, pero de lo que no se daban cuenta era de que yo también existía. Por supuesto, estaba bien que mi hermano se entretuviese y se divirtiese, pero claro, yo también era un niño pequeño y también lo necesitaba. Y divertirme no solo con él, sino también con mis compañeros y amistades. A fin de cuentas, era lo que todo el mundo hacía, ¿por qué yo no? Al final iba a resultar que yo tenía más discapacidad que mi hermano.
Aunque lo peor no era esa automarginación, sino la sensación de que mi hermano tenía que ser el centro de mi vida quisiera yo o no. Y yo quería que él fuese parte de mi vida, pero no que fuese mi todo, porque yo era (y sigo siendo) yo, y él era (y sigue siendo) él.
"Cuando yo era un niño", de Iguana Tango
Ya se han acabado las Navidades y todo eso. Qué pena, la vuelta al trabajo/los estudios es lo peor, yo cuando volví el jueves a clase os juro que me deprimí un montón. ¿Qué os han traído los Reyes? A mi hermano una PSP, porque le gustan mucho los videojuegos y tal; pero a mí no me han regalado nada. ¡Me debo de haber portado muy mal!
Hoy os voy a seguir hablando un poco sobre mis experiencias familiares de cuando yo era pequeño. La otra vez os conté sobre sobre cómo me dí cuenta de que mi hermano tenía discapacidad intelectual, y hoy os diré cómo era nuestra vida diaria en familia cuando éramos chicos.
Mi impresión por aquel entonces era que mi hermano era el centro de atención de todo. Y no solo porque fuera más pequeño que yo. Él siempre estaba delante de mí, o al menos eso era lo que yo veía. Cuando venían mis tíos a casa, por ejemplo, se ponían a jugar con él y a mi en muchas ocasiones me dejaban a un lado. Ellos reían, jugaban y se lo pasaban bien, y si yo quería también entrar en el juego, me llamaban envidioso. Era como si dijeran: "tu hermano nos necesita más que tú, así que si quieres te puedes poner a jugar con los peluches y divertirte, pero deja que tu hermano se divierta con nosotros". ¡Y yo solo era un crío que quería jugar! Claro, a mí me entraban los celos en seguida y me enfadaba.
Y no solo eso. Mis padres le consentían mucho más a él que a mí. Por ejemplo, si él no quería colaborar en las tareas de casa, nadie le obligaba; ahora, si era yo el que no las quería hacer, ¡anda que tardaban mucho en tirarme de las orejas!... O si yo estaba en mi habitación tranquilo y mi hermano entraba, mi obligación era estar con él, quisiera o no.
Estar con mi hermano era una obligación más que yo tenía. Si no lo hacía, era un mal hermano. Recuerdo una vez, con 8 o 9 años, que me llevé a mis amigos a casa a jugar y a estar con ellos, y mi madre se empeñaba en que mi hermano también tenía que estar allí, con nosotros. Pasamos mis amigos y yo un par de horas juntos, jugando y riendo, y cuando se fueron, recuerdo que mi madre me echó la bronca, porque según ella, me gustaba más estar con mis amigos que con mi hermano. Yo me sentí mal, no por mí sino por mi hermano, pensaba que estaba siendo un monstruo con él.
Era una especie de favoritismo hacia mi hermano del que nadie se daba cuenta, salvo yo. Todos lo veían como algo normal, pero de lo que no se daban cuenta era de que yo también existía. Por supuesto, estaba bien que mi hermano se entretuviese y se divirtiese, pero claro, yo también era un niño pequeño y también lo necesitaba. Y divertirme no solo con él, sino también con mis compañeros y amistades. A fin de cuentas, era lo que todo el mundo hacía, ¿por qué yo no? Al final iba a resultar que yo tenía más discapacidad que mi hermano.
Aunque lo peor no era esa automarginación, sino la sensación de que mi hermano tenía que ser el centro de mi vida quisiera yo o no. Y yo quería que él fuese parte de mi vida, pero no que fuese mi todo, porque yo era (y sigo siendo) yo, y él era (y sigue siendo) él.
"Cuando yo era un niño", de Iguana Tango
domingo, 14 de diciembre de 2008
Cuando yo era peque (I)
¡Hola hola! ¿Cómo va eso? Yo bueno, últimamente estoy un poco depre, pero con eso de que llega la Navidad, se me está pasando un poco. ¡Me encanta la Navidad! Con sus mazapanes, sus polvorones, ¡sus vacaciones! Además, este año ha sido el primero en el que he visto lo de Cortylandia. ¡Qué bonito es, por favor!
Este pasado sábado se celebró la Segunda Jornada Comarcal de Familias aquí en Talavera, y bueno, yo estuve con los padres; hubo ratos en que me sentí muy descolocado, pero como se supone que voy a ir al congreso de Valencia en junio, pues me dijeron que fuera allí a acostumbrarme al tema. También me hubiera gustado estar de voluntario, pero no soy Dios (aunque me llame Jesús) y no puedo estar en dos sitios a la vez. La próxima vez iré de voluntario.
Por cierto, si queréis hablar de cómo fue la jornada, nadie os lo impide ehh xD
En fin, en esta ocasión os voy a contar un poco la historia de cuando yo era pequenín. ¡Espero no aburriros mucho! :P
Cuando yo tenía tres años, nació mi hermano. Yo por aquel entonces era muy chiquinino, ni siquiera era consciente de si quería un hermano o no, pero vamos. Lo único de lo que me acuerdo es que todo el mundo me empezó a prestar menos atención porque había alguien más pequeño y que acababa de nacer :(
El caso es que pasaron los años, y yo no me empecé a dar cuenta de que mi hermano era "chino" hasta que yo tenía 7 u 8 años (a veces le llamo "chino" porque, como todos los síndrome de down, tiene los ojos así como rasgados). Fue por aquel entonces cuando empecé a decir: "hey, este niño no es como los demás, ¿qué está pasando aquí?". Vamos, yo nunca he sido un tío muy despierto ni nada de eso, pero se veía de lejos que mi hermano no hablaba, ni se comportaba, ni se relacionaba como el resto. Yo estaba encantao con él, claro, pero veía algo fuera de lo normal, aunque no sabía el qué.
Aunque preguntara a mis padres, nunca sacaba nada en claro porque ellos siempre se iban por la tangente. "Tu hermano es normal, y punto pelota", me decían, y bueno, había que creerles porque sí.
Mis padres nunca me han hablado del tema, y se puede decir que todo lo que sé de la discapacidad tiene que ver más con la propia experiencia que con cualquier otra cosa. Y yo creo que eso es malo, porque no hay nada malo en que un niño sepa lo que es la discapacidad. ¡Al contrario! Cuanto mejor lo sepa, menos raro lo verá y mejor será su actitud para con quien padece alguna discapacidad, sea la que sea, ¿no creéis? Cualquier cosa es mejor que la duda.
Mi hermano y todo lo que le rodeaba siempre era algo aparte (y sigue siendo, pero al menos ahora soy consciente de ello). Iba al médico aunque no le doliese nada y su colegio no era como el mío. Y eso me producía una sensación de decir "anda, ¿a mi hermano le tratan como alguien especial y a mí no? ¿Es que no me quieren o qué?"
Evidentemente, esto lo pensaba cuando tenía 6 ó 7 años. ¡Pensamientos de niño chico!
"18 til I die", de la época buena de Bryan Adams
Este pasado sábado se celebró la Segunda Jornada Comarcal de Familias aquí en Talavera, y bueno, yo estuve con los padres; hubo ratos en que me sentí muy descolocado, pero como se supone que voy a ir al congreso de Valencia en junio, pues me dijeron que fuera allí a acostumbrarme al tema. También me hubiera gustado estar de voluntario, pero no soy Dios (aunque me llame Jesús) y no puedo estar en dos sitios a la vez. La próxima vez iré de voluntario.
Por cierto, si queréis hablar de cómo fue la jornada, nadie os lo impide ehh xD
En fin, en esta ocasión os voy a contar un poco la historia de cuando yo era pequenín. ¡Espero no aburriros mucho! :P
Cuando yo tenía tres años, nació mi hermano. Yo por aquel entonces era muy chiquinino, ni siquiera era consciente de si quería un hermano o no, pero vamos. Lo único de lo que me acuerdo es que todo el mundo me empezó a prestar menos atención porque había alguien más pequeño y que acababa de nacer :(
El caso es que pasaron los años, y yo no me empecé a dar cuenta de que mi hermano era "chino" hasta que yo tenía 7 u 8 años (a veces le llamo "chino" porque, como todos los síndrome de down, tiene los ojos así como rasgados). Fue por aquel entonces cuando empecé a decir: "hey, este niño no es como los demás, ¿qué está pasando aquí?". Vamos, yo nunca he sido un tío muy despierto ni nada de eso, pero se veía de lejos que mi hermano no hablaba, ni se comportaba, ni se relacionaba como el resto. Yo estaba encantao con él, claro, pero veía algo fuera de lo normal, aunque no sabía el qué.
Aunque preguntara a mis padres, nunca sacaba nada en claro porque ellos siempre se iban por la tangente. "Tu hermano es normal, y punto pelota", me decían, y bueno, había que creerles porque sí.
Mis padres nunca me han hablado del tema, y se puede decir que todo lo que sé de la discapacidad tiene que ver más con la propia experiencia que con cualquier otra cosa. Y yo creo que eso es malo, porque no hay nada malo en que un niño sepa lo que es la discapacidad. ¡Al contrario! Cuanto mejor lo sepa, menos raro lo verá y mejor será su actitud para con quien padece alguna discapacidad, sea la que sea, ¿no creéis? Cualquier cosa es mejor que la duda.
Mi hermano y todo lo que le rodeaba siempre era algo aparte (y sigue siendo, pero al menos ahora soy consciente de ello). Iba al médico aunque no le doliese nada y su colegio no era como el mío. Y eso me producía una sensación de decir "anda, ¿a mi hermano le tratan como alguien especial y a mí no? ¿Es que no me quieren o qué?"
Evidentemente, esto lo pensaba cuando tenía 6 ó 7 años. ¡Pensamientos de niño chico!
"18 til I die", de la época buena de Bryan Adams
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Navidad
sábado, 29 de noviembre de 2008
Cine con discapacidad. Hoy: "Cube"
¿Cómo va todo? Yo bien, aunque ya estoy de exámenes, así que no se puede decir que esté muy contento. Tampoco es que me preocupen mucho los exámenes, la verdad, pero bueno, siempre hay cierta inquietud cuando se acercan, ¿no?
Bueno, hoy iniciamos aquí en El Faro una sección nueva. Tratará sobre medios audiovisuales en los que aparezca alguna persona con discapacidad intelectual. ¡A ver qué os parece!
No será una sección que haga yo, porque tendremos un par de colaboradores que nos hablarán de esto de vez en cuando, pero hoy haremos una excepción y hablaré yo de una película que, particularmente, me gustó mucho.
Se trata de "Cube" .
Aquí tenéis un enlace a la peli: http://www.filmaffinity.com/es/film741341.html
"Cube" es una película de miedo que trata sobre un grupo de personas que, sin comerlo ni beberlo, aparecen de repente en una habitación cúbica, que está conectada mediante compuertas con otras 6 habitaciones (y estas a su vez a otras 6, y a otras 6, y a otras 6...). No se conocen entre ellos, no saben cómo han llegado hasta allí, y lo más importante, no saben dónde están ni cómo salir, ya que en algunas de las habitaciones hay trampas. Juntos tendrán que cooperar para poder entender el Cubo y tener alguna posibilidad de salir de allí con vida.
A parte de ser, a mi entender, un peliculón, una de las cosas más interesantes de la película es que, una de las personas que se encuentran allí es autista. Imagináos: gente corriente luchando por su propia vida, de repente se encuentra con una circunstancia añadida: que tienen que preocuparse por lo que haga o deje de hacer una persona con discapacidad.
Al principio no cae demasiado bien el personaje de Kazan (la persona con autismo) entre los demás personajes. La mayoría lo ve como un estorbo para la consecución de su objetivo, lo tratan como un tonto y en definitiva lo dan un poco de lado. Lo malo viene después, cuando la cosa se tuerce a peor y cada cual decide luchar por su propia supervivencia, sin importarles nada de nada los demás. La ley del más fuerte, vamos.
Es ahí, precisamente, cuando la vida de todos corre más peligro, porque dejan de cooperar, y como todo el mundo sabe, la unión hace la fuerza.
"Cube" tuvo varios galardones, como el premio al mejor director en el festival de Sitges del '99 o a la mejor película en Toronto '98 y Oporto '99.
Si la queréis ver, está disponible en la biblioteca de Talavera. Yo os la recomiendo, aunque eso sí, es para mayores de 18 años, ya que es una peli de miedo, no lo olvidéis.
Un tráiler de la peli.
Bueno, hoy iniciamos aquí en El Faro una sección nueva. Tratará sobre medios audiovisuales en los que aparezca alguna persona con discapacidad intelectual. ¡A ver qué os parece!
No será una sección que haga yo, porque tendremos un par de colaboradores que nos hablarán de esto de vez en cuando, pero hoy haremos una excepción y hablaré yo de una película que, particularmente, me gustó mucho.
Se trata de "Cube" .
Aquí tenéis un enlace a la peli: http://www.filmaffinity.com/es/film741341.html
"Cube" es una película de miedo que trata sobre un grupo de personas que, sin comerlo ni beberlo, aparecen de repente en una habitación cúbica, que está conectada mediante compuertas con otras 6 habitaciones (y estas a su vez a otras 6, y a otras 6, y a otras 6...). No se conocen entre ellos, no saben cómo han llegado hasta allí, y lo más importante, no saben dónde están ni cómo salir, ya que en algunas de las habitaciones hay trampas. Juntos tendrán que cooperar para poder entender el Cubo y tener alguna posibilidad de salir de allí con vida.
A parte de ser, a mi entender, un peliculón, una de las cosas más interesantes de la película es que, una de las personas que se encuentran allí es autista. Imagináos: gente corriente luchando por su propia vida, de repente se encuentra con una circunstancia añadida: que tienen que preocuparse por lo que haga o deje de hacer una persona con discapacidad.
Al principio no cae demasiado bien el personaje de Kazan (la persona con autismo) entre los demás personajes. La mayoría lo ve como un estorbo para la consecución de su objetivo, lo tratan como un tonto y en definitiva lo dan un poco de lado. Lo malo viene después, cuando la cosa se tuerce a peor y cada cual decide luchar por su propia supervivencia, sin importarles nada de nada los demás. La ley del más fuerte, vamos.
Es ahí, precisamente, cuando la vida de todos corre más peligro, porque dejan de cooperar, y como todo el mundo sabe, la unión hace la fuerza.
"Cube" tuvo varios galardones, como el premio al mejor director en el festival de Sitges del '99 o a la mejor película en Toronto '98 y Oporto '99.
Si la queréis ver, está disponible en la biblioteca de Talavera. Yo os la recomiendo, aunque eso sí, es para mayores de 18 años, ya que es una peli de miedo, no lo olvidéis.
Un tráiler de la peli.
¡Hola xiquetes y xiquetas! ¿Qué tal estáis? Yo bien, pasando un frío impresionante cada mañana, pero bueno, es lo que tiene estar en noviembre.
Bueno, hoy os escribo no para hablaros de las personas con discapacidad ni nada de eso, sino para hablaros de nosotros mismos. Nosotros mismos como personas y como jóvenes, que es lo que somos, al fin y al cabo. Y es que está muy bien preocuparse de nuestros familiares con discapacidad y tal, pero no hay que olvidar que nosotros también respiramos.
Este es un blog de Hermanos, y yo al menos quiero saber cosas sobre vosotros ¿Qué os gusta? ¿Qué os motiva? ¿Cuáles son vuestras inquietudes? Y es que más allá de ser Hermanos, somos jóvenes y tenemos mil cosas que contarnos.
En la columna de la derecha de este blog, iré poniendo enlaces de cosas que nos gusten, empezando por mí, para que me podáis conocer un poco mejor. Espero que vosotros también colaboréis y me contéis cosas!
Una canción de Alejandro Sanz que me gusta mucho
Bueno, hoy os escribo no para hablaros de las personas con discapacidad ni nada de eso, sino para hablaros de nosotros mismos. Nosotros mismos como personas y como jóvenes, que es lo que somos, al fin y al cabo. Y es que está muy bien preocuparse de nuestros familiares con discapacidad y tal, pero no hay que olvidar que nosotros también respiramos.
Este es un blog de Hermanos, y yo al menos quiero saber cosas sobre vosotros ¿Qué os gusta? ¿Qué os motiva? ¿Cuáles son vuestras inquietudes? Y es que más allá de ser Hermanos, somos jóvenes y tenemos mil cosas que contarnos.
En la columna de la derecha de este blog, iré poniendo enlaces de cosas que nos gusten, empezando por mí, para que me podáis conocer un poco mejor. Espero que vosotros también colaboréis y me contéis cosas!
Una canción de Alejandro Sanz que me gusta mucho
martes, 11 de noviembre de 2008
¿Las personas con discapacidad intelectual están condenadas a ser bebés de por vida?
Wola nenes y nenas! ¿Cómo os va? Yo bueno, un poco depre, siempre me pasa cuando llega el otoño. Será porque ha pasado el verano, será por el frío, será por los estudios, el caso es que el otoño no me gusta. ¡Menos mal que a la vuelta ya están las Navidades! ¡Síííí!
Bueno, pues nada, es la segunda semana de noviembre, y como os prometí, es hora de publicar algo.
Veréis, yo tengo 21 años, y para mi desgracia, ya no soy un niño. ¡Qué más quisiera yo! Que te traten como un adulto es una castaña, por eso de tener responsabilidades y tal, pero qué le vamos a hacer, es lo que hay.
Aunque bueno, la verdad es que sería peor que me tratasen como un crío para toda la vida. Todo el día bebiendo biberones y comiendo potitos de zanahoria. ¿Os imagináis? ¿Tener cuarenta años, y que vuestra mamá no os quisiera destetar? ¿No tener vida más allá del jardín de infancia? Pues hay gente que le pasa, aunque no os lo creáis! Estoy hablando de algunas personas con discapacidad, que en su entorno le protejen tanto que no les dejan ni vivir.
Mirad, mi hermano tiene 18 años, y no es un bebé. Aunque tenga síndrome de down, no es un bebé. Porque los bebés, por definición, no son capaces de hacer nada, y mi hermano es capaz de hacer un millón de cosas (así, sin exagerar). Puede hacer todas esas cosas porque sabe, y sabe hacerlas porque no se le ha tratado como un bebé (excepto cuando era pequeñín, claro). Que tenga discapacidad intelectual no significa que se tenga que tirar toda la vida arrinconado sin posibilidad alguna de volar. Porque una cosa es protegerle y quererle, y otra muy distinta es tratarles como si fuesen vasos de cristal de esos super frágiles. ¿Que se pueden romper? Claro que sí. ¿Y quién no? Como decían en "El rey Leon", ¡el ciclo de la vida!
Que a mi hermano se le deje crecer, se le deje que tenga amigos (y enemigos), que trabaje y que sea útil para la sociedad, no solo es algo natural al 100%, sino que además es una cosa buena para todos.
Mejor para él
Si él siente que no es un bebé, se sentirá más lleno. Y no solo hablo de su vida social, de sus amigos y sus cosas, sino también hablo a nivel intelectual. Que él sepa que hay televisión más allá de "El muro infernal" (programa que nos encanta, a él y a mí), y que vea películas de miedo, o de acción, o vaya a ver una lucha de boxeo o, yo que sé, y que todo eso le guste, repercute en su conocimiento de la realidad y en su inteligencia. Pero si nos negamos a que crezca mentalmente, y le ponemos todos los días y a todas horas a ver "Los Pitufos" , por ejemplo, pues no será tan listo. ¡En la variedad está el gusto! ¿No os parece?
Mejor para los demás
¿Os imagináis que vuestro hermano o hermana con discapacidad no haga nada en casa porque es un "pobrecito"? Si ha crecido siendo un bebé, seguramente se portará como si lo fuera, y cuidar a un bebé toda la vida es algo muy cansado. En cambio, si ha crecido siendo un chicarrón/a del Norte, nos podrá ayudar en muchas cosas. Y eso es lo que mola, ¿no creéis?
"Volar", de Melon Diesel. ¡Me encanta!
Bueno, pues nada, es la segunda semana de noviembre, y como os prometí, es hora de publicar algo.
Veréis, yo tengo 21 años, y para mi desgracia, ya no soy un niño. ¡Qué más quisiera yo! Que te traten como un adulto es una castaña, por eso de tener responsabilidades y tal, pero qué le vamos a hacer, es lo que hay.
Aunque bueno, la verdad es que sería peor que me tratasen como un crío para toda la vida. Todo el día bebiendo biberones y comiendo potitos de zanahoria. ¿Os imagináis? ¿Tener cuarenta años, y que vuestra mamá no os quisiera destetar? ¿No tener vida más allá del jardín de infancia? Pues hay gente que le pasa, aunque no os lo creáis! Estoy hablando de algunas personas con discapacidad, que en su entorno le protejen tanto que no les dejan ni vivir.
Mirad, mi hermano tiene 18 años, y no es un bebé. Aunque tenga síndrome de down, no es un bebé. Porque los bebés, por definición, no son capaces de hacer nada, y mi hermano es capaz de hacer un millón de cosas (así, sin exagerar). Puede hacer todas esas cosas porque sabe, y sabe hacerlas porque no se le ha tratado como un bebé (excepto cuando era pequeñín, claro). Que tenga discapacidad intelectual no significa que se tenga que tirar toda la vida arrinconado sin posibilidad alguna de volar. Porque una cosa es protegerle y quererle, y otra muy distinta es tratarles como si fuesen vasos de cristal de esos super frágiles. ¿Que se pueden romper? Claro que sí. ¿Y quién no? Como decían en "El rey Leon", ¡el ciclo de la vida!
Que a mi hermano se le deje crecer, se le deje que tenga amigos (y enemigos), que trabaje y que sea útil para la sociedad, no solo es algo natural al 100%, sino que además es una cosa buena para todos.
Mejor para él
Si él siente que no es un bebé, se sentirá más lleno. Y no solo hablo de su vida social, de sus amigos y sus cosas, sino también hablo a nivel intelectual. Que él sepa que hay televisión más allá de "El muro infernal" (programa que nos encanta, a él y a mí), y que vea películas de miedo, o de acción, o vaya a ver una lucha de boxeo o, yo que sé, y que todo eso le guste, repercute en su conocimiento de la realidad y en su inteligencia. Pero si nos negamos a que crezca mentalmente, y le ponemos todos los días y a todas horas a ver "Los Pitufos" , por ejemplo, pues no será tan listo. ¡En la variedad está el gusto! ¿No os parece?
Mejor para los demás
¿Os imagináis que vuestro hermano o hermana con discapacidad no haga nada en casa porque es un "pobrecito"? Si ha crecido siendo un bebé, seguramente se portará como si lo fuera, y cuidar a un bebé toda la vida es algo muy cansado. En cambio, si ha crecido siendo un chicarrón/a del Norte, nos podrá ayudar en muchas cosas. Y eso es lo que mola, ¿no creéis?
"Volar", de Melon Diesel. ¡Me encanta!
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