Hey! ¿Cómo estáis? Yo, bueno, entre el frío que hace y la de trabajos que tengo que hacer para el colegio, no se puede decir que esté muy feliz, pero qué le vamos a hacer.
Ya se han acabado las Navidades y todo eso. Qué pena, la vuelta al trabajo/los estudios es lo peor, yo cuando volví el jueves a clase os juro que me deprimí un montón. ¿Qué os han traído los Reyes? A mi hermano una PSP, porque le gustan mucho los videojuegos y tal; pero a mí no me han regalado nada. ¡Me debo de haber portado muy mal!
Hoy os voy a seguir hablando un poco sobre mis experiencias familiares de cuando yo era pequeño. La otra vez os conté sobre sobre cómo me dí cuenta de que mi hermano tenía discapacidad intelectual, y hoy os diré cómo era nuestra vida diaria en familia cuando éramos chicos.
Mi impresión por aquel entonces era que mi hermano era el centro de atención de todo. Y no solo porque fuera más pequeño que yo. Él siempre estaba delante de mí, o al menos eso era lo que yo veía. Cuando venían mis tíos a casa, por ejemplo, se ponían a jugar con él y a mi en muchas ocasiones me dejaban a un lado. Ellos reían, jugaban y se lo pasaban bien, y si yo quería también entrar en el juego, me llamaban envidioso. Era como si dijeran: "tu hermano nos necesita más que tú, así que si quieres te puedes poner a jugar con los peluches y divertirte, pero deja que tu hermano se divierta con nosotros". ¡Y yo solo era un crío que quería jugar! Claro, a mí me entraban los celos en seguida y me enfadaba.
Y no solo eso. Mis padres le consentían mucho más a él que a mí. Por ejemplo, si él no quería colaborar en las tareas de casa, nadie le obligaba; ahora, si era yo el que no las quería hacer, ¡anda que tardaban mucho en tirarme de las orejas!... O si yo estaba en mi habitación tranquilo y mi hermano entraba, mi obligación era estar con él, quisiera o no.
Estar con mi hermano era una obligación más que yo tenía. Si no lo hacía, era un mal hermano. Recuerdo una vez, con 8 o 9 años, que me llevé a mis amigos a casa a jugar y a estar con ellos, y mi madre se empeñaba en que mi hermano también tenía que estar allí, con nosotros. Pasamos mis amigos y yo un par de horas juntos, jugando y riendo, y cuando se fueron, recuerdo que mi madre me echó la bronca, porque según ella, me gustaba más estar con mis amigos que con mi hermano. Yo me sentí mal, no por mí sino por mi hermano, pensaba que estaba siendo un monstruo con él.
Era una especie de favoritismo hacia mi hermano del que nadie se daba cuenta, salvo yo. Todos lo veían como algo normal, pero de lo que no se daban cuenta era de que yo también existía. Por supuesto, estaba bien que mi hermano se entretuviese y se divirtiese, pero claro, yo también era un niño pequeño y también lo necesitaba. Y divertirme no solo con él, sino también con mis compañeros y amistades. A fin de cuentas, era lo que todo el mundo hacía, ¿por qué yo no? Al final iba a resultar que yo tenía más discapacidad que mi hermano.
Aunque lo peor no era esa automarginación, sino la sensación de que mi hermano tenía que ser el centro de mi vida quisiera yo o no. Y yo quería que él fuese parte de mi vida, pero no que fuese mi todo, porque yo era (y sigo siendo) yo, y él era (y sigue siendo) él.
"Cuando yo era un niño", de Iguana Tango
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sábado, 10 de enero de 2009
domingo, 14 de diciembre de 2008
Cuando yo era peque (I)
¡Hola hola! ¿Cómo va eso? Yo bueno, últimamente estoy un poco depre, pero con eso de que llega la Navidad, se me está pasando un poco. ¡Me encanta la Navidad! Con sus mazapanes, sus polvorones, ¡sus vacaciones! Además, este año ha sido el primero en el que he visto lo de Cortylandia. ¡Qué bonito es, por favor!
Este pasado sábado se celebró la Segunda Jornada Comarcal de Familias aquí en Talavera, y bueno, yo estuve con los padres; hubo ratos en que me sentí muy descolocado, pero como se supone que voy a ir al congreso de Valencia en junio, pues me dijeron que fuera allí a acostumbrarme al tema. También me hubiera gustado estar de voluntario, pero no soy Dios (aunque me llame Jesús) y no puedo estar en dos sitios a la vez. La próxima vez iré de voluntario.
Por cierto, si queréis hablar de cómo fue la jornada, nadie os lo impide ehh xD
En fin, en esta ocasión os voy a contar un poco la historia de cuando yo era pequenín. ¡Espero no aburriros mucho! :P
Cuando yo tenía tres años, nació mi hermano. Yo por aquel entonces era muy chiquinino, ni siquiera era consciente de si quería un hermano o no, pero vamos. Lo único de lo que me acuerdo es que todo el mundo me empezó a prestar menos atención porque había alguien más pequeño y que acababa de nacer :(
El caso es que pasaron los años, y yo no me empecé a dar cuenta de que mi hermano era "chino" hasta que yo tenía 7 u 8 años (a veces le llamo "chino" porque, como todos los síndrome de down, tiene los ojos así como rasgados). Fue por aquel entonces cuando empecé a decir: "hey, este niño no es como los demás, ¿qué está pasando aquí?". Vamos, yo nunca he sido un tío muy despierto ni nada de eso, pero se veía de lejos que mi hermano no hablaba, ni se comportaba, ni se relacionaba como el resto. Yo estaba encantao con él, claro, pero veía algo fuera de lo normal, aunque no sabía el qué.
Aunque preguntara a mis padres, nunca sacaba nada en claro porque ellos siempre se iban por la tangente. "Tu hermano es normal, y punto pelota", me decían, y bueno, había que creerles porque sí.
Mis padres nunca me han hablado del tema, y se puede decir que todo lo que sé de la discapacidad tiene que ver más con la propia experiencia que con cualquier otra cosa. Y yo creo que eso es malo, porque no hay nada malo en que un niño sepa lo que es la discapacidad. ¡Al contrario! Cuanto mejor lo sepa, menos raro lo verá y mejor será su actitud para con quien padece alguna discapacidad, sea la que sea, ¿no creéis? Cualquier cosa es mejor que la duda.
Mi hermano y todo lo que le rodeaba siempre era algo aparte (y sigue siendo, pero al menos ahora soy consciente de ello). Iba al médico aunque no le doliese nada y su colegio no era como el mío. Y eso me producía una sensación de decir "anda, ¿a mi hermano le tratan como alguien especial y a mí no? ¿Es que no me quieren o qué?"
Evidentemente, esto lo pensaba cuando tenía 6 ó 7 años. ¡Pensamientos de niño chico!
"18 til I die", de la época buena de Bryan Adams
Este pasado sábado se celebró la Segunda Jornada Comarcal de Familias aquí en Talavera, y bueno, yo estuve con los padres; hubo ratos en que me sentí muy descolocado, pero como se supone que voy a ir al congreso de Valencia en junio, pues me dijeron que fuera allí a acostumbrarme al tema. También me hubiera gustado estar de voluntario, pero no soy Dios (aunque me llame Jesús) y no puedo estar en dos sitios a la vez. La próxima vez iré de voluntario.
Por cierto, si queréis hablar de cómo fue la jornada, nadie os lo impide ehh xD
En fin, en esta ocasión os voy a contar un poco la historia de cuando yo era pequenín. ¡Espero no aburriros mucho! :P
Cuando yo tenía tres años, nació mi hermano. Yo por aquel entonces era muy chiquinino, ni siquiera era consciente de si quería un hermano o no, pero vamos. Lo único de lo que me acuerdo es que todo el mundo me empezó a prestar menos atención porque había alguien más pequeño y que acababa de nacer :(
El caso es que pasaron los años, y yo no me empecé a dar cuenta de que mi hermano era "chino" hasta que yo tenía 7 u 8 años (a veces le llamo "chino" porque, como todos los síndrome de down, tiene los ojos así como rasgados). Fue por aquel entonces cuando empecé a decir: "hey, este niño no es como los demás, ¿qué está pasando aquí?". Vamos, yo nunca he sido un tío muy despierto ni nada de eso, pero se veía de lejos que mi hermano no hablaba, ni se comportaba, ni se relacionaba como el resto. Yo estaba encantao con él, claro, pero veía algo fuera de lo normal, aunque no sabía el qué.
Aunque preguntara a mis padres, nunca sacaba nada en claro porque ellos siempre se iban por la tangente. "Tu hermano es normal, y punto pelota", me decían, y bueno, había que creerles porque sí.
Mis padres nunca me han hablado del tema, y se puede decir que todo lo que sé de la discapacidad tiene que ver más con la propia experiencia que con cualquier otra cosa. Y yo creo que eso es malo, porque no hay nada malo en que un niño sepa lo que es la discapacidad. ¡Al contrario! Cuanto mejor lo sepa, menos raro lo verá y mejor será su actitud para con quien padece alguna discapacidad, sea la que sea, ¿no creéis? Cualquier cosa es mejor que la duda.
Mi hermano y todo lo que le rodeaba siempre era algo aparte (y sigue siendo, pero al menos ahora soy consciente de ello). Iba al médico aunque no le doliese nada y su colegio no era como el mío. Y eso me producía una sensación de decir "anda, ¿a mi hermano le tratan como alguien especial y a mí no? ¿Es que no me quieren o qué?"
Evidentemente, esto lo pensaba cuando tenía 6 ó 7 años. ¡Pensamientos de niño chico!
"18 til I die", de la época buena de Bryan Adams
Etiquetas:
infancia,
jornada comarcal de familias,
Navidad
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